La capacidad de gasto y la disponibilidad de tiempo de los mayores convierten el turismo sénior en un mercado con efectos directos sobre hoteles, transporte, agencias y restauración. El programa público actúa además como estabilizador de actividad en meses de menor demanda.
Más de 4,6 millones de personas están acreditadas para acceder a los viajes del programa
Más de la mitad de la oferta se concentra en costa peninsular
La temporada reserva 440.284 plazas para costa peninsular, 228.142 para costa insular y 210.787 para escapadas culturales, naturaleza y capitales de provincia. La distribución permite repartir actividad por distintos territorios y modelos turísticos.
El contrato del programa tiene un valor cercano a 60 millones de euros sin IVA, a lo que se suma el gasto directo de los viajeros en destino. Para buena parte del sector hotelero, la continuidad del programa facilita mantener empleo y servicios fuera de los picos estivales.
Un consumidor que no debe reducirse al viaje subvencionado
El efecto económico del turismo sénior va más allá del Imserso. El crecimiento de la población mayor de 55 años está ampliando la demanda de viajes culturales, bienestar, naturaleza y experiencias de mayor duración.
| Modalidad | Plazas |
|---|---|
| Costa peninsular | 440.284 |
| Costa insular | 228.142 |
| Escapadas | 210.787 |
| Total | 879.213 |
La economía de la experiencia también se juega en la capacidad de adaptar servicios turísticos a un cliente más activo, digital y exigente
Accesibilidad, personalización y temporada larga
Los operadores que quieran captar al nuevo viajero sénior tendrán que combinar accesibilidad, flexibilidad y una oferta menos estereotipada. La oportunidad está en diseñar productos para etapas vitales más largas, no únicamente para una categoría administrativa de pensionista.
