Prevenir la dependencia exige actuar antes de que una persona pierda autonomía. Esa es una de las principales ideas que plantea Iñaki Martín Lesende, médico de familia y miembro de los grupos de Atención al Mayor y PAPPS de la semFYC, al analizar la actualización del documento de consenso sobre prevención de fragilidad y caídas en personas mayores.

La capacidad funcional debe medirse antes de que aparezca una discapacidad consolidada

La fragilidad puede detectarse

La fragilidad describe una situación de mayor vulnerabilidad frente a enfermedades, hospitalizaciones o caídas. No equivale a dependencia y, precisamente por eso, constituye una ventana de oportunidad. Identificarla mediante pruebas sencillas de movilidad, fuerza o actividad permite prescribir ejercicio, revisar medicación y abordar nutrición y factores sociales.

Para el sistema sanitario, esta estrategia supone desplazar recursos desde la atención reactiva hacia la prevención. También puede reducir costes futuros si retrasa ingresos hospitalarios, fracturas o necesidad de cuidados intensivos.

Atención primaria como punto de entrada

Martín Lesende sitúa a la atención primaria en una posición clave porque mantiene una relación continuada con las personas y puede detectar cambios graduales. La implantación, sin embargo, exige tiempo profesional, protocolos compartidos y coordinación con servicios sociales y recursos comunitarios.

Envejecer bien no significa evitar toda enfermedad, sino mantener durante más tiempo la capacidad de decidir y desenvolverse

Un campo de innovación para la longevidad

La prevención de la fragilidad abre también oportunidades para empresas y entidades que trabajan en actividad física, rehabilitación, nutrición, telemonitorización y adaptación del hogar. El crecimiento de la población mayor hará que estas soluciones tengan cada vez más peso dentro de la economía de la longevidad.