El cambio es importante. La última subasta de obligaciones españolas con vencimiento en 2036 se cerró con una rentabilidad media del 4,176%, mientras las Letras a doce meses habían ofrecido un tipo medio del 2,832%. Determinadas ofertas de depósitos comercializadas actualmente superan además el 3% TAE.
Pero recuperar rentabilidad no significa que cualquier producto de renta fija sea adecuado para cualquier ahorrador. A partir de los 50 años aumenta la importancia de una pregunta que durante etapas anteriores de la vida puede resultar menos urgente: ¿cuándo voy a necesitar este dinero?
La deuda pública española a diez años ha vuelto a ofrecer rentabilidades superiores al 4%
La renta fija vuelve a pagar más del 4%
El giro de los tipos de interés ha cambiado por completo el escenario para quien busca obtener rentabilidad sin asumir directamente las oscilaciones de la Bolsa. El Banco Central Europeo ha elevado la facilidad de depósito hasta el 2,50%, después de un nuevo incremento de 25 puntos básicos.
Ese nuevo entorno se ha trasladado paulatinamente a los productos de ahorro y a la deuda pública.
El Tesoro adjudicó el pasado 1 de octubre obligaciones con vencimiento en octubre de 2036 con una TIR media del 4,176%, mientras que el tipo marginal alcanzó el 4,181%.
Eso convierte nuevamente a la renta fija en una alternativa que muchos ahorradores pueden considerar frente a mantener grandes cantidades de dinero inmovilizadas en cuentas sin remuneración.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre comprar una Letra a un año y adquirir una obligación que vence dentro de una década.
En el primer caso, el horizonte temporal está bastante delimitado. En el segundo, el inversor debe plantearse si realmente puede mantener ese dinero invertido durante años.
Tener 50, 60 o 70 años cambia la pregunta
No existe una edad a partir de la cual haya que abandonar automáticamente la Bolsa o invertir todo el patrimonio en renta fija. La edad por sí sola no determina el nivel de riesgo adecuado.
Sí cambia, en cambio, el horizonte temporal.
Una persona de 52 años que prevé jubilarse a los 67 puede disponer todavía de quince años para una parte de su patrimonio. Otra de 64 que tenga previsto utilizar sus ahorros para complementar la pensión dentro de tres años se encuentra en una situación completamente diferente.
Y una persona ya jubilada puede necesitar conservar una cantidad elevada en productos líquidos para afrontar gastos imprevistos, reformas de vivienda, dependencia o simplemente completar sus ingresos mensuales.
Por eso, uno de los errores más importantes consiste en perseguir unas décimas más de rentabilidad inmovilizando dinero que puede necesitarse antes del vencimiento.
Cuanto más cerca esté el momento de utilizar los ahorros, mayor importancia adquieren la liquidez y el plazo
Qué ofrecen ahora las principales alternativas conservadoras
| Producto | Rentabilidad de referencia | Liquidez | Principal riesgo |
|---|---|---|---|
| Cuenta remunerada | En torno al 2%-3% y promociones superiores | Alta | El tipo puede cambiar |
| Depósito | Aproximadamente 2,5%-3,5%, con ofertas superiores | Media | Penalización o imposibilidad de cancelación |
| Letras a 12 meses | 2,832% en la última subasta disponible | Al vencimiento o venta | Precio si se vende antes |
| Obligación del Estado a 10 años | TIR media del 4,176% | Puede venderse | Pérdidas si se vende antes del vencimiento |
| Fondo de renta fija | Variable | Generalmente alta | Su valor puede subir y bajar |
| Bolsa | Variable | Alta | Volatilidad y posibles pérdidas |
Las cifras son referencias del mercado actual y no garantizan rentabilidades futuras.
Qué pueden producir 50.000 euros
La diferencia entre obtener un 0%, un 2% o un 3% comienza a ser considerable cuando se acumula durante varios años.
Con 50.000 euros, una rentabilidad del 3% supone unos 1.500 euros brutos en un año. Al 3,5%, ascendería hasta aproximadamente 1.750 euros.
En una Letra a doce meses que mantuviera como referencia el último tipo medio conocido del 2,832%, el rendimiento equivalente sobre 50.000 euros rondaría los 1.416 euros brutos.
Ejemplo orientativo con 50.000 euros
| Rentabilidad anual | Rendimiento bruto aproximado | Rendimiento tras un 19% de tributación* |
|---|---|---|
| 1% | 500 € | 405 € |
| 2% | 1.000 € | 810 € |
| 2,832% | 1.416 € | 1.147 € |
| 3% | 1.500 € | 1.215 € |
| 3,5% | 1.750 € | 1.418 € |
| 4% | 2.000 € | 1.620 € |
*Cálculo simplificado suponiendo que todo el rendimiento tributa en el primer tramo de la base del ahorro y que el contribuyente no tiene otros rendimientos que hayan consumido ese tramo.
Los primeros 6.000 euros de la base del ahorro tributan actualmente al 19%. A partir de ahí la escala aumenta progresivamente para las cantidades más elevadas.
Mantener 50.000 euros sin remunerar puede suponer renunciar cada año a más de 1.000 euros de rendimiento potencial
El 4% de un bono no funciona como el 4% de un depósito
Esta diferencia resulta fundamental.
Cuando un depósito anuncia una determinada TAE, el ahorrador puede calcular con bastante facilidad cuánto recibirá si mantiene el dinero hasta el vencimiento y cumple las condiciones.
En un bono ocurre algo distinto.
La obligación española que acaba de ofrecer una TIR próxima al 4,18% tiene un cupón nominal del 3,40%. Su mayor rentabilidad se explica, entre otros factores, porque se coloca por debajo de su valor nominal.
Por eso, TIR y cupón no son lo mismo.
La TIR intenta expresar la rentabilidad anualizada que obtendría el inversor bajo determinados supuestos si mantiene el título hasta el vencimiento. No significa necesariamente que cada año vaya a recibir en efectivo exactamente un 4,176% del capital invertido.
Además, si necesita vender el bono antes de 2036, su precio dependerá de lo que haya sucedido con los tipos de interés.
Si los tipos continúan subiendo, las nuevas emisiones pueden resultar más atractivas y los bonos antiguos pueden bajar de precio.
La renta fija, por tanto, no significa renta sin riesgo. Existen riesgos de mercado, liquidez y crédito, y la sensibilidad a los movimientos de los tipos aumenta generalmente cuanto mayor es el vencimiento.
El gran enemigo sigue siendo la inflación
Existe además otra variable decisiva para quienes están acumulando patrimonio para la jubilación: el aumento del coste de la vida.
El indicador adelantado del IPC español situó la inflación interanual de septiembre en el 4,9%, mientras la inflación subyacente alcanzó el 3,1%.
Esto permite entender por qué mirar únicamente la rentabilidad nominal puede resultar engañoso.
Una inversión que genere un 3% anual parece atractiva frente a dejar el dinero al 0%, pero si durante ese mismo periodo los precios aumentasen un 4,9%, el poder adquisitivo seguiría disminuyendo.
No significa que la inflación vaya a mantenerse en el 4,9% durante los próximos diez años. Comparar el IPC actual con un bono a una década sería una fotografía, no una previsión. Pero sí recuerda que proteger el capital nominal no equivale necesariamente a proteger el poder adquisitivo.
Para preparar la jubilación importa tanto no perder dinero como evitar que la inflación reduzca lentamente su capacidad de compra
Letras, depósitos o bonos antes de la jubilación
Para un ahorrador de más de 50 años, uno de los criterios más útiles puede ser separar el dinero según cuándo vaya a necesitarlo.
El capital destinado a gastos inmediatos cumple una función diferente del patrimonio que puede permanecer invertido diez o quince años.
El plazo cambia por completo el riesgo
| Cuándo podría necesitarse el dinero | Aspectos que cobran mayor importancia |
|---|---|
| Menos de 1 año | Liquidez, estabilidad y disponibilidad inmediata |
| 1-3 años | Vencimiento, penalizaciones y preservación del capital |
| 3-5 años | Riesgo de tipos, inflación y diversificación |
| Más de 5 años | Inflación, rentabilidad real y diversificación |
| Más de 10 años | Puede existir margen para asumir más volatilidad en una parte del patrimonio |
Esta clasificación no constituye una distribución de cartera. Dos personas de la misma edad pueden necesitar estrategias completamente distintas dependiendo de sus ingresos, patrimonio, vivienda, pensión futura, deudas y necesidades familiares.
El depósito mantiene una ventaja sencilla de entender
Para el ahorrador que prioriza previsibilidad, los depósitos presentan una característica especialmente sencilla: permiten conocer de antemano qué rentabilidad ofrece el banco si se cumplen las condiciones establecidas.
Además, los depósitos en entidades adheridas al Fondo de Garantía de Depósitos están cubiertos, con carácter general, hasta 100.000 euros por titular y entidad.
Esto no significa que todos los depósitos sean iguales.
Hay que comprobar la TAE, el plazo, el importe máximo remunerado, la posibilidad de cancelación anticipada, las exigencias de vinculación y qué ocurre con los intereses si el dinero se retira antes de tiempo.
Algunas ofertas disponibles actualmente superan el 3% TAE y determinadas promociones alcanzan niveles superiores bajo condiciones concretas.
Las Letras permiten trabajar con plazos más cortos
Las Letras del Tesoro se han convertido en uno de los productos más conocidos entre los pequeños ahorradores.
La última subasta disponible a doce meses ofreció un interés medio del 2,832% y un marginal del 2,846%. Las siguientes subastas permitirán comprobar hasta qué punto el nuevo entorno de tipos sigue trasladándose al corto plazo.
Su principal diferencia frente a un bono a diez años es evidente: el ahorrador recupera el nominal mucho antes si mantiene el título hasta vencimiento.
Esto reduce el tiempo durante el que queda comprometido el dinero, aunque introduce otro problema: el riesgo de reinversión.
Dentro de un año, cuando venza la Letra, puede ocurrir que las nuevas emisiones ofrezcan una rentabilidad inferior.
Los fondos de renta fija no son depósitos
Otro error frecuente consiste en considerar un fondo de renta fija como una versión algo más sofisticada de un depósito.
No lo es.
El valor de las participaciones cambia diariamente en función de los activos que componen la cartera. Si los tipos suben, determinados bonos pueden perder valor, y esa caída se refleja en el valor liquidativo del fondo.
La duración de la cartera es especialmente importante. Cuanto mayor sea, mayor puede ser su sensibilidad a un movimiento de los tipos.
A cambio, un fondo permite diversificar entre numerosos emisores y vencimientos y, en España, los traspasos entre determinados fondos pueden realizarse sin tributar en ese momento hasta que finalmente se produzca el reembolso, siempre que se cumplan los requisitos fiscales correspondientes.
El error de pasar de demasiado riesgo a ninguno
La proximidad de la jubilación puede llevar también al movimiento contrario: vender todas las inversiones con riesgo y conservar prácticamente todo el patrimonio en efectivo o productos a muy corto plazo.
Eso tampoco elimina todos los riesgos.
Una jubilación puede extenderse durante veinte, treinta años o incluso más. Durante todo ese periodo, la inflación puede erosionar considerablemente el poder adquisitivo.
Una persona que se jubile a los 67 años no necesita necesariamente disponer de todo su patrimonio el día que empieza a cobrar la pensión.
Una parte puede ser necesaria a corto plazo, mientras otra puede tener todavía un horizonte considerable.
La decisión importante, por tanto, no consiste simplemente en elegir entre Bolsa o bonos, sino en determinar qué función debe cumplir cada parte del ahorro.
Qué debería revisar un mayor de 50 antes de invertir sus ahorros
Antes de fijarse en si una inversión ofrece un 2,8%, un 3,5% o un 4,2%, hay varias preguntas más importantes.
La primera es cuánto dinero debe permanecer disponible para emergencias. La segunda, cuándo empezará previsiblemente a utilizarse el capital. La tercera, cuánto cubrirá la futura pensión frente a los gastos previstos.
También importa saber si existen préstamos pendientes, cuánto supone la vivienda dentro del patrimonio total y qué gastos importantes pueden aparecer durante los próximos años.
Solo después tiene sentido comparar rentabilidades.
Para una persona a las puertas de la jubilación, conseguir unas décimas adicionales puede resultar mucho menos importante que evitar verse obligada a vender un activo en un mal momento.
Una oportunidad que no existía hace pocos años
La principal novedad del mercado actual es que el ahorrador conservador vuelve a tener alternativas.
Durante buena parte de la etapa de tipos próximos a cero, mantener dinero en productos de bajo riesgo prácticamente garantizaba una rentabilidad mínima o inexistente. Ahora existen Letras que rondan el 3%, depósitos por encima de esa referencia y deuda pública a largo plazo que ha superado el 4%.
Eso no convierte automáticamente a los bonos en la mejor inversión para los mayores de 50.
Lo que sí cambia es el abanico de posibilidades.
El ahorrador puede volver a obtener una remuneración relevante sin tener que acudir necesariamente a la Bolsa para todo su patrimonio. Pero cuanto mayor es la rentabilidad y cuanto más largo es el plazo, más importante resulta entender qué riesgo se está aceptando.
Para quien empieza a mirar de cerca su jubilación, el objetivo ya no debería reducirse a buscar el producto que más paga, sino a conseguir que ahorro, plazo, liquidez e inflación encajen con el momento en el que realmente se necesitará el dinero.
