La economía española afronta el último trimestre de 2026 con una contradicción cada vez más visible: el crecimiento económico mantiene un ritmo relativamente sólido, pero los consumidores vuelven a perder capacidad de compra. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado este miércoles que el IPC aumentó seis décimas respecto a agosto, hasta situarse en el 4,9% interanual.

El dato supone un nuevo golpe para los presupuestos familiares, especialmente para quienes dependen de ingresos relativamente estables, afrontan gastos recurrentes elevados o se encuentran en la etapa de mayor esfuerzo económico previo a la jubilación.

La inflación vuelve a niveles de hace más de tres años y obliga a revisar las previsiones de gasto y ahorro de los hogares

La energía vuelve a impulsar el coste de la vida

El principal responsable de la aceleración de los precios es el encarecimiento energético, consecuencia de las tensiones internacionales y de las dificultades de suministro asociadas al conflicto en Oriente Próximo.

Los carburantes y combustibles acumularon una subida interanual del 27,7%, lo que afecta directamente a los desplazamientos particulares y profesionales y eleva los costes del transporte de mercancías.

La inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos no elaborados, también aumentó hasta el 3,1%, dos décimas más que en agosto. Este indicador refleja que las presiones sobre los precios no se limitan exclusivamente al petróleo.

La evolución de los principales indicadores confirma el cambio experimentado durante el año.

Indicador Variación
Inflación general de septiembre 4,9%
Inflación general de agosto 4,3%
Inflación subyacente 3,1%
Inflación mensual de septiembre 0,3%
Carburantes y combustibles, variación anual 27,7%
Inflación armonizada 5,0%

La subida de los combustibles se traslada al transporte y puede terminar encareciendo otros productos y servicios

El riesgo para los salarios de quienes se acercan a la jubilación

Uno de los efectos más importantes del repunte inflacionista es la posible pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.

Para una persona con un salario neto mensual de 2.000 euros, una inflación del 4,9% implica que necesitaría aproximadamente 2.098 euros para conservar la misma capacidad de compra que un año antes, siempre que su cesta de consumo evolucionase como el índice general.

Se trata de una diferencia de 98 euros mensuales que ilustra la presión sobre los ingresos cuando las subidas salariales no compensan el encarecimiento de los bienes y servicios.

El problema adquiere especial relevancia entre los trabajadores de 45 a 65 años, una etapa en la que pueden coincidir gastos hipotecarios, ayuda económica a los hijos, responsabilidades familiares y la necesidad de acumular ahorro para la jubilación.

No obstante, el impacto real depende de la evolución de cada salario, del tipo de contrato y de la composición del gasto familiar. No todos los hogares soportan la misma inflación ni cuentan con idéntica capacidad para ajustar su presupuesto.

Las pensiones tienen protección frente al IPC, pero no todos los ingresos

Las pensiones contributivas cuentan con un mecanismo de revalorización vinculado a la inflación media de los doce meses comprendidos entre diciembre del año anterior y noviembre del año en curso.

Esto significa que el 4,9% registrado en septiembre no determina por sí solo el aumento de las pensiones en 2027.

Sin embargo, el encarecimiento de los productos básicos afecta inmediatamente a los pensionistas, mientras que la actualización de sus prestaciones se realiza con periodicidad anual.

Además, quienes disponen de planes de pensiones privados, rentas periódicas no indexadas o ahorros depositados en cuentas sin remuneración suficiente pueden sufrir una erosión de su capacidad de compra.

Mantener el dinero inmovilizado sin una rentabilidad suficiente también supone perder patrimonio en términos reales

El ahorro vuelve a enfrentarse al enemigo de la inflación

La subida de los precios plantea otro desafío para quienes han conseguido formar un patrimonio financiero a lo largo de su vida laboral.

Un ahorro de 50.000 euros que no genera intereses conservaría su importe nominal, pero, con una inflación anual del 4,9%, su capacidad adquisitiva equivaldría aproximadamente a 47.664 euros de un año antes, suponiendo que ese ritmo de inflación se mantuviera durante doce meses.

La pérdida real sería equivalente a unos 2.336 euros de poder de compra.

Este cálculo no representa una pérdida bancaria efectiva, sino el efecto económico de mantener una cantidad fija de dinero mientras aumentan los precios.

Por ello, la rentabilidad de depósitos, cuentas remuneradas y otros instrumentos conservadores vuelve a cobrar importancia, aunque cualquier decisión debe considerar también la liquidez, la fiscalidad y el riesgo.

El Banco de España anticipa que la presión continuará en 2027

Las perspectivas tampoco apuntan a una normalización inmediata.

El Banco de España ha elevado recientemente su previsión de crecimiento económico al 2,6% para 2026 y al 2,2% para 2027, pero también ha advertido de que la inflación seguirá elevada.

Sus proyecciones contemplan una tasa media del 3,9% en 2026 y del 3,7% en 2027, como consecuencia fundamentalmente de los mayores costes energéticos.

Una inflación más alta durante más tiempo podría complicar la recuperación del poder adquisitivo, presionar los costes empresariales y condicionar las decisiones de consumo e inversión de las familias.

La evolución de los precios de la energía y la capacidad de los salarios para acompañar ese encarecimiento serán determinantes para establecer cuánto del crecimiento previsto termina llegando realmente al bolsillo de los ciudadanos.