Los trabajadores por cuenta propia de más de 52 años se han convertido en uno de los colectivos más vulnerables del mercado laboral cuando su actividad deja de ser viable. Mientras un asalariado puede acceder, si cumple los requisitos, al subsidio para mayores de 52 años y seguir cotizando para su futura jubilación, el autónomo que agota la prestación por cese de actividad no tiene hoy esa misma puerta abierta.
Esa diferencia es la que quiere situar en el centro del debate electoral la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos, ATA, que ha remitido a los partidos un paquete de propuestas ante las elecciones del 29N. Entre ellas destaca una especialmente sensible para el público de Economía Vital: permitir que los autónomos de más de 52 años que han tenido que bajar la persiana no queden desprotegidos hasta la jubilación.
Un autónomo de 53, 55 o 60 años que cierra su negocio puede encontrarse sin actividad, sin ingresos estables y sin una protección equivalente a la de un asalariado en desempleo
Qué pide ATA y por qué lo considera prioritario
La propuesta de ATA parte de una idea sencilla: si un trabajador por cuenta ajena que pierde su empleo puede acceder al subsidio para mayores de 52 años y mantener cotizaciones para la jubilación, el autónomo que cesa su actividad debería contar con una vía similar cuando ya ha agotado su protección específica.
La organización también plantea otras medidas, como mejorar el acceso al cese de actividad, ampliar la jubilación activa para compatibilizar trabajo y pensión, reducir cargas administrativas y avanzar en una fiscalidad más adaptada a la realidad del pequeño negocio. Pero la reivindicación del subsidio tiene una fuerza especial por el momento vital en el que afecta a muchos profesionales.
A partir de los 52 años, volver a levantar un negocio o encontrar empleo por cuenta ajena puede resultar mucho más difícil. Además, muchas personas de esta edad siguen teniendo hipoteca, hijos a cargo o responsabilidades de cuidado sobre sus padres.
Qué cambiaría para los autónomos si prosperara la propuesta
| Situación actual | Lo que pide ATA |
|---|---|
| El autónomo cobra, si cumple requisitos, la prestación por cese de actividad | Mantener una red de seguridad cuando esa prestación se agota |
| Tras agotar el cese de actividad no puede acceder en las mismas condiciones al subsidio para mayores de 52 años | Permitir el acceso a esa ayuda también a los autónomos |
| Riesgo de quedar sin ingresos y sin nuevas cotizaciones hacia la jubilación | Proteger ingresos y continuidad de cotización en la última etapa laboral |
La diferencia no es menor. El actual subsidio para mayores de 52 años está pensado precisamente para quienes afrontan el tramo final de su carrera profesional con especiales dificultades de reinserción laboral.
La gran cuestión económica no es solo cuánto cobra un autónomo cuando cesa su actividad, sino qué ocurre después, cuando se acaban las ayudas y todavía faltan años para jubilarse
El vacío que sufren muchos negocios en la recta final
El problema afecta especialmente a pequeños comerciantes, transportistas, profesionales liberales y trabajadores de servicios que han pasado décadas cotizando como autónomos. Cuando el negocio deja de funcionar, la caída puede ser brusca.
En muchos casos, el cierre no responde a una decisión voluntaria, sino al encarecimiento de costes, la pérdida de clientela, la competencia de grandes operadores o, sencillamente, al desgaste de una actividad mantenida durante años. Si eso ocurre con 30 o 35 años, el margen para recomenzar es mayor. Si sucede con 55 o 60, el escenario cambia por completo.
Ahí es donde ATA quiere abrir un debate político y presupuestario. No se trata solo de una reivindicación sectorial. También afecta al empleo, al relevo generacional y a la sostenibilidad económica de miles de hogares en los que el trabajador autónomo sigue siendo la principal fuente de ingresos.
Qué requisitos tiene hoy el subsidio para mayores de 52 años
En la actualidad, el subsidio para mayores de 52 años está vinculado al sistema de protección por desempleo y exige, entre otras condiciones, estar en situación legal de desempleo, cumplir la edad requerida, acreditar carencia de rentas y haber cotizado lo suficiente para acceder a la jubilación, además de contar con al menos seis años cotizados por desempleo.
Ese diseño deja fuera al autónomo que ha agotado su prestación por cese de actividad, aunque su situación económica y su necesidad de protección puedan ser muy similares a las de un asalariado desempleado de la misma edad.
Por eso, la propuesta tiene una lectura muy clara para el lector de entre 45 y 65 años: quien ha trabajado toda su vida por cuenta propia puede encontrarse con menos protección justo cuando más difícil resulta remontar.
El debate del 29N no afecta solo a nuevas altas o a cuotas más bajas: también pone sobre la mesa qué red de seguridad tiene un autónomo veterano cuando su negocio fracasa
Más allá del subsidio: cuotas, bajas y jubilación activa
El paquete de propuestas de ATA incluye además otras demandas con impacto directo sobre el bolsillo del colectivo. Entre ellas figuran mejoras en la cotización, facilidades para el emprendimiento, exenciones o alivios en determinadas situaciones de enfermedad y cambios en la jubilación activa para que quienes sigan trabajando puedan compatibilizar mejor actividad y pensión.
Todas ellas apuntan a una misma idea: acercar la protección social del autónomo a la del asalariado y reducir algunos de los desequilibrios históricos del sistema.
En plena campaña del 29N, la cuestión es si esa reivindicación se traducirá en compromisos concretos o quedará, una vez más, en una demanda recurrente del colectivo. Lo que ya ha logrado es abrir un debate de fondo sobre una realidad incómoda: la de miles de autónomos mayores de 52 años que pueden quedarse sin red en uno de los momentos más delicados de su vida económica.
