La crisis energética internacional vuelve a situar los carburantes entre las principales preocupaciones económicas de los consumidores. El encarecimiento del diésel no afecta únicamente a los conductores, sino también a las empresas de transporte, la distribución comercial y numerosas actividades productivas que dependen directamente del combustible.

El llamamiento de la AIE llega en un contexto de fuertes tensiones en Oriente Próximo y de ataques a instalaciones energéticas relacionadas con la guerra de Ucrania. Estos acontecimientos mantienen bajo presión el suministro internacional de combustibles refinados y amenazan con prolongar el encarecimiento del transporte y sus posibles efectos sobre la inflación.

El coste de llenar un depósito de 55 litros de diésel se sitúa cerca de los 104 euros, incluso con las medidas fiscales de alivio vigentes en España.

La AIE reclama actuar ante el encarecimiento del diésel

El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha pedido a los países miembros que evalúen la necesidad de realizar nuevas liberaciones de reservas estratégicas de gasóleo.

La petición se produce antes de la reunión del Consejo de Administración de la organización prevista para el próximo 15 de octubre, en la que los gobiernos deberán examinar la situación del mercado energético y las medidas adoptadas hasta el momento.

La prioridad inmediata consiste en acelerar la puesta en circulación de los combustibles comprometidos en la acción colectiva aprobada durante el pasado mes de marzo, cuando los países miembros acordaron liberar 400 millones de barriles de petróleo y productos derivados para responder a la crisis provocada por la guerra de Irán.

Hasta comienzos de octubre se habían liberado alrededor de 325 millones de barriles. La AIE calcula que completar los compromisos todavía pendientes podría aportar cerca de otros 100 millones, teniendo en cuenta que algunos países ya han superado las cantidades inicialmente prometidas.

Birol también ha planteado que los Estados que hayan cumplido sus compromisos estudien aportaciones adicionales, especialmente de reservas de diésel.

El objetivo es aumentar la disponibilidad del combustible en el mercado internacional y reducir la tensión sobre los precios.

El precio del diésel supera al de la gasolina en España

La presión internacional sobre el gasóleo se refleja en los precios de las estaciones de servicio españolas, aunque la evolución no depende únicamente de la cotización del petróleo.

Los datos disponibles para este 11 de octubre de 2026 sitúan el precio medio del gasóleo A en 1,889 euros por litro, mientras que la gasolina de 95 octanos cuesta alrededor de 1,787 euros por litro.

La diferencia supera los diez céntimos por litro y resulta especialmente visible al llenar el depósito.

Cuánto cuesta repostar gasolina y diésel en España

Carburante Precio por litro (euros) Depósito de 50 litros (euros) Depósito de 55 litros (euros)
Diésel 1,889 94,45 103,90
Gasolina 95 1,787 89,35 98,29
Diferencia 0,102 5,10 5,61

Importes calculados con los precios medios nacionales del 11 de octubre. Los precios varían entre estaciones de servicio, municipios y comunidades autónomas.

El mayor precio por litro del diésel no significa necesariamente que todos los vehículos de gasóleo tengan un coste superior por kilómetro, puesto que también influye su consumo. Sin embargo, encarece directamente el repostaje y afecta al presupuesto de quienes utilizan el automóvil con frecuencia.

Para un conductor que necesite llenar dos depósitos de 55 litros al mes, el gasto actual en diésel se aproxima a 208 euros mensuales, antes de considerar otros gastos asociados al vehículo.

Cada subida adicional de diez céntimos por litro supondría cinco euros más por un repostaje de 50 litros.

El encarecimiento puede trasladarse a los alimentos y servicios

Uno de los principales riesgos económicos de la crisis del diésel es su repercusión sobre los costes de transporte.

Buena parte del movimiento de mercancías por carretera depende de vehículos que consumen gasóleo. Esto convierte su precio en un factor relevante para los costes de distribución de los alimentos, los productos industriales y los bienes de consumo.

Cuando aumenta de forma persistente el coste del combustible, las empresas pueden afrontar una reducción de sus márgenes o intentar trasladar parte del incremento a sus clientes.

El efecto no es inmediato ni uniforme. Depende de los contratos de transporte, de la competencia entre empresas, de los márgenes comerciales y de la capacidad para absorber los sobrecostes.

No obstante, una subida prolongada del precio del diésel puede añadir presión sobre la inflación y afectar al poder adquisitivo de los hogares.

Las consecuencias también se extienden a los trabajadores autónomos, transportistas, pequeñas empresas de distribución y profesionales que necesitan desplazarse diariamente para desarrollar su actividad.

En las zonas rurales, donde el vehículo privado suele resultar imprescindible para acceder a servicios sanitarios, comercios o centros de trabajo, el aumento de los carburantes puede tener una incidencia especialmente importante.

La situación afecta igualmente a numerosas familias que mantienen desplazamientos habituales para atender a familiares mayores o dependientes.

España mantiene una rebaja fiscal sobre los carburantes

El Gobierno ha prorrogado durante octubre las medidas extraordinarias destinadas a amortiguar el impacto de la crisis energética.

El Real Decreto-ley 25/2026, de 29 de septiembre, establece una reducción de los tipos del Impuesto sobre Hidrocarburos equivalente a 20 céntimos por litro para los carburantes afectados durante octubre, tomando como referencia los tipos anteriores a las medidas extraordinarias.

La regulación contempla inicialmente una menor rebaja para noviembre y diciembre, aunque incorpora mecanismos para prolongar un alivio superior si se cumplen determinadas condiciones vinculadas a la evolución de los precios.

Conviene distinguir esta reducción tributaria de una bonificación directa al consumidor. No se trata de restar otros 20 céntimos al precio que aparece en las estaciones de servicio, puesto que los precios actuales ya reflejan el marco fiscal aplicable.

El mantenimiento de estas medidas supone, por tanto, un intento de limitar el impacto económico de los combustibles, pero no garantiza que los precios finales permanezcan estables.

La rebaja fiscal reduce la presión sobre el repostaje, pero no impide que nuevas tensiones internacionales encarezcan los carburantes.

Oriente Próximo y Ucrania mantienen la tensión energética

El problema del diésel no se explica exclusivamente por la disponibilidad de petróleo.

El funcionamiento de las refinerías, la capacidad de producción de combustibles y las rutas de transporte internacional son elementos determinantes para el abastecimiento.

La guerra de Irán y las restricciones al tránsito de mercancías energéticas por el estrecho de Ormuz han alterado profundamente el mercado desde marzo.

Aunque parte de las exportaciones de crudo de Oriente Próximo se han recuperado, el suministro de productos refinados continúa sometido a importantes dificultades.

A ello se suman los ataques sobre instalaciones energéticas rusas relacionados con la guerra de Ucrania y el aumento de la incertidumbre en Arabia Saudí, uno de los principales productores mundiales de petróleo.

Las alteraciones de estos mercados afectan especialmente al gasóleo, cuya disponibilidad depende tanto del suministro de crudo como de las posibilidades de refinado y distribución.

Según los últimos datos comunicados por la AIE, sus miembros mantienen reservas públicas de emergencia equivalentes a aproximadamente 1.100 millones de barriles, incluidos más de 200 millones de barriles de diésel.

Estas existencias proporcionan capacidad para responder a nuevas perturbaciones, aunque su utilización supone recurrir a recursos estratégicos que posteriormente deben reponerse.

El mercado espera nuevas decisiones el 15 de octubre

La reunión de la AIE prevista para el jueves 15 de octubre será una de las principales referencias de los próximos días para el mercado energético.

Los gobiernos deberán valorar si resulta necesario liberar cantidades adicionales de combustible y determinar el volumen y calendario de posibles actuaciones.

Una mayor oferta procedente de las reservas estratégicas podría contribuir a moderar las cotizaciones internacionales a corto plazo, aunque su efecto dependerá también de la evolución de los conflictos y de la capacidad de las refinerías para atender la demanda.

Para la economía española, la cuestión va más allá del precio en las gasolineras. La evolución del diésel condiciona una parte importante de los costes empresariales y puede terminar influyendo sobre el consumo, los márgenes de las compañías y los precios de numerosos productos.

El resultado de las próximas decisiones energéticas será especialmente relevante para los hogares que afrontan gastos elevados de transporte y para las empresas que necesitan combustible de forma intensiva para mantener su actividad.