Cumplir 45 años no modifica las reglas de cotización a la Seguridad Social. Sin embargo, desde esa edad comienza una etapa especialmente sensible de la carrera profesional: buena parte de los años que quedan hasta la jubilación entrarán en el periodo utilizado para determinar cuánto se cobrará de pensión.
El problema adquiere una dimensión especial en el mercado laboral actual. Los trabajadores sénior cuentan generalmente con carreras profesionales más estables mientras conservan su empleo, pero encuentran muchas más dificultades para regresar al mercado de trabajo cuando lo pierden.
El último informe del Observatorio de las Ocupaciones del SEPE muestra precisamente esta contradicción. Las personas mayores de 45 años superan los 11,4 millones de ocupados y los 11,03 millones de afiliados a la Seguridad Social, más de la mitad del total. Sin embargo, únicamente representan el 27,1% de todos los contratos registrados.
El riesgo después de los 45 no es cumplir años, sino perder un empleo y no poder recuperar después el mismo salario ni la misma cotización
El gran problema aparece cuando se pierde el empleo
La estabilidad laboral del colectivo sénior es elevada. Cerca del 40% de los contratos firmados por mayores de 45 años son indefinidos.
Pero esa estabilidad tiene una cara opuesta.
Los mayores de 45 concentran el 58,3% del paro registrado en España y representan el 74,6% de todo el paro de larga duración. A cierre de 2025 había 608.351 personas mayores de 45 años que llevaban más de dos años desempleadas.
Radiografía laboral de los mayores de 45 años
| Indicador | Último dato disponible |
|---|---|
| Personas ocupadas mayores de 45 | Más de 11,4 millones |
| Afiliados a la Seguridad Social | 11,03 millones |
| Peso sobre nuevos contratos | 27,1% |
| Peso sobre el paro registrado | 58,3% |
| Peso sobre el paro de larga duración | 74,6% |
| Más de 24 meses desempleados | 608.351 |
| Contratos indefinidos | Cerca del 40% |
La diferencia es fundamental: tener empleo después de los 45 no constituye necesariamente un problema, pero perderlo puede convertirse en uno.
A medida que avanza la edad también aumentan las dificultades para encontrar una nueva oportunidad profesional. El SEPE identifica entre las causas el edadismo, los desajustes de competencias y las dificultades de adaptación a determinados cambios tecnológicos.
El paro puede convertirse en un problema de jubilación
Una persona de 52 años que pierde un empleo donde cotizaba por una base elevada puede afrontar inicialmente algunos meses o años de desempleo.
Pero el verdadero impacto puede aparecer después.
Si termina regresando al mercado laboral con un sueldo sensiblemente inferior, también puede hacerlo con una base de cotización menor. Y esas bases son precisamente una de las variables utilizadas posteriormente para calcular la pensión.
Perder salario después de los 50 puede significar cobrar menos hoy y también recibir una pensión menor mañana
La jubilación no se determina utilizando simplemente el último sueldo cobrado.
La Seguridad Social tiene en cuenta un amplio periodo de bases de cotización. Desde 2026 ha comenzado además el despliegue progresivo de un nuevo sistema de cálculo.
Este año permite considerar las 302 bases de cotización de mayor importe dentro de los últimos 304 meses, divididas entre 352,33. El sistema se irá ampliando progresivamente durante los próximos años.
Esto introduce cierta protección frente a algunos meses de peor cotización, pero no elimina el impacto que puede provocar mantener durante años salarios y bases sustancialmente inferiores.
El mercado laboral puede empujar a aceptar empleos peor pagados
Aquí aparece uno de los principales riesgos para los trabajadores sénior.
Cuando el paro se prolonga durante uno, dos o más años, aumenta la presión económica para aceptar trabajos diferentes a la ocupación anterior, salarios más bajos o empleos a tiempo parcial.
Los datos del SEPE muestran que el 40,54% de la contratación de mayores de 45 años se concentra en ocupaciones elementales. Otro 20,68% corresponde a trabajadores de restauración, servicios personales, protección y vendedores. Entre las ocupaciones con mayor contratación aparecen limpieza, peones agrícolas y camareros.
No significa que todos los trabajadores sénior sufran una degradación profesional, pero sí refleja que una parte importante de las oportunidades laborales disponibles se encuentra en segmentos que pueden ofrecer bases salariales inferiores a las alcanzadas previamente durante una carrera profesional.
Y para la jubilación esa diferencia importa.
Cómo puede afectar cada situación a la futura pensión
| Situación laboral | Efecto inmediato | Posible efecto sobre la jubilación |
|---|---|---|
| Mantener empleo y salario | Estabilidad económica | Mantiene la trayectoria de cotización |
| Aumentar el salario | Más ingresos | Puede elevar bases futuras |
| Volver con menor sueldo | Menor renta mensual | Puede reducir la base reguladora |
| Trabajo a tiempo parcial | Menor salario habitual | Puede implicar bases inferiores |
| Prestación contributiva por desempleo | Reducción de ingresos | Se continúa cotizando |
| Paro prolongado sin cotización suficiente | Pérdida de renta | Puede perjudicar la pensión |
| Subsidio para mayores de 52 años | Protección económica limitada | Mantiene cotización para jubilación |
Las mujeres sénior afrontan un riesgo todavía mayor
La incidencia del paro de larga duración tampoco es igual entre hombres y mujeres.
Entre las desempleadas mayores de 45 años, el 61,14% lleva más de un año buscando empleo, frente al 55,03% entre los hombres.
La contratación a tiempo parcial también tiene una incidencia significativamente superior entre las mujeres del colectivo.
Esta combinación puede terminar trasladándose posteriormente a la jubilación, especialmente cuando los años de menor salario y cotización se concentran en la última fase de la vida profesional.
Más de 600.000 mayores de 45 llevan al menos dos años buscando empleo, precisamente cuando sus cotizaciones empiezan a resultar decisivas para la jubilación
Estar en paro no significa siempre dejar de cotizar
Existe, sin embargo, una diferencia importante según el tipo de prestación que reciba el desempleado.
Durante el cobro de la prestación contributiva por desempleo continúan realizándose aportaciones a la Seguridad Social.
La situación cambia cuando la protección contributiva termina y se pasa a otros escenarios asistenciales o se permanece sin prestaciones.
Para los trabajadores de mayor edad resulta especialmente importante el subsidio para mayores de 52 años. Mientras se percibe, el SEPE mantiene las cotizaciones para jubilación utilizando como referencia el 125% de la base mínima de cotización del Régimen General. Estas cotizaciones sirven para determinar posteriormente la base reguladora y para completar periodos necesarios de acceso a determinadas modalidades de jubilación.
No significa que un trabajador que antes cotizase por una base elevada conserve exactamente ese nivel, pero evita la desaparición completa de las cotizaciones durante estos años.
Las cotizaciones que paga el trabajador en 2026
El trabajador tampoco financia exclusivamente su jubilación con lo que aparece descontado en la nómina.
En el Régimen General, la cotización por contingencias comunes alcanza en 2026 el 28,30% de la base, de la que el 23,60% corre a cargo de la empresa y el 4,70% corresponde al trabajador.
A ello se añade el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, que este año asciende al 0,90%, distribuido entre un 0,75% para la empresa y un 0,15% para el empleado.
En los contratos indefinidos, el trabajador aporta además un 1,55% por desempleo y un 0,10% por formación profesional.
Estas cotizaciones reducen el salario neto disponible cada mes, pero permiten financiar el conjunto de prestaciones de la Seguridad Social y generar derechos futuros.
La jubilación empieza a decidirse mucho antes de los 65
En 2026, la edad ordinaria de jubilación continúa dependiendo de los años acumulados de cotización.
Quienes acrediten 38 años y tres meses o más pueden jubilarse a los 65 años. Si no se alcanza ese periodo, la edad ordinaria se sitúa en 66 años y diez meses.
Por eso, las consecuencias de un desempleo prolongado pueden aparecer por dos vías.
Una menor base de cotización puede reducir la cuantía de la futura pensión y una carrera laboral insuficiente puede condicionar también la edad a la que resulta posible jubilarse en determinadas circunstancias.
El gran salto se produce después de los 50
El mercado laboral sénior presenta, por tanto, una paradoja.
Los mayores de 45 años son imprescindibles para la economía española. Representan más de la mitad de la afiliación y acumulan una elevada estabilidad laboral.
Pero cuando salen del empleo, la posibilidad de regresar se reduce significativamente.
El 43% de los desempleados mayores de 45 incluidos en el informe del SEPE llevaba ya más de dos años buscando trabajo. A medida que aumenta la edad, la dificultad es todavía mayor.
Este problema se vuelve especialmente delicado a partir de los 50 o 55 años.
A esa edad, un trabajador todavía puede tener por delante una década o más de actividad profesional. Un periodo prolongado de paro seguido de varios años con menor remuneración puede alterar de manera considerable el tramo final de su carrera de cotización.
Qué debería vigilar una persona a partir de los 45
La primera recomendación es no esperar a que falten dos o tres años para jubilarse.
Conviene comprobar periódicamente tanto la vida laboral como las bases de cotización registradas por la Seguridad Social.
También es importante conocer cuántos años se llevan acumulados, cuánto falta para alcanzar una carrera completa de cotización y qué impacto podría tener una reducción permanente del salario.
En determinados casos existe además la posibilidad de suscribir un convenio especial con la Seguridad Social para continuar realizando aportaciones cuando se pierde un empleo o disminuye la base de cotización.
Su conveniencia dependerá de la situación individual, del coste de las cuotas y de los años que queden hasta la jubilación.
Después de los 45, conservar el empleo no significa únicamente conservar el sueldo: también supone proteger la futura pensión
La principal conclusión no es que los trabajadores deban temer cumplir 45 años.
El verdadero problema está en la combinación de edad, desempleo de larga duración y menores posibilidades de reincorporarse con condiciones salariales equivalentes.
Los datos muestran que los mayores de 45 son ya uno de los grandes pilares del empleo español, pero también el grupo que soporta buena parte del paro de larga duración.
Y cuando quedan 10, 15 o 20 años para jubilarse, perder un buen empleo puede dejar una huella económica que no termina al encontrar el siguiente trabajo.
Puede prolongarse hasta la jubilación.
