Un análisis del Ministerio de Sanidad pone el foco en patologías como la diabetes, la insuficiencia cardiaca, la EPOC y el asma, así como en el papel que puede desempeñar la Atención Primaria para detectar complicaciones antes de que sea necesario acudir al hospital.
Cumplir 40 años no supone entrar automáticamente en un grupo de riesgo sanitario. Sin embargo, a partir de esta edad empiezan a cobrar mayor importancia algunos problemas crónicos cuyo control puede resultar determinante para conservar la autonomía, continuar trabajando con normalidad y evitar episodios que desemboquen en urgencias o ingresos hospitalarios.
El concepto de hospitalización potencialmente evitable no significa que un ingreso sea innecesario cuando el estado del paciente requiere atención hospitalaria. Se refiere a aquellos casos en los que un diagnóstico temprano, un seguimiento adecuado o un mejor control de la enfermedad podrían haber reducido la posibilidad de llegar a una situación de gravedad.
Una mejor vigilancia de las enfermedades crónicas puede reducir el riesgo de acabar en urgencias o necesitar un ingreso hospitalario
Las enfermedades respiratorias ganan importancia después de los 40
Uno de los resultados más destacados aparece entre las personas de 40 años o más diagnosticadas de EPOC o asma. Dentro de este colectivo, el 32,2% registró al menos una hospitalización relacionada con problemas respiratorios durante el periodo analizado.
La enfermedad pulmonar obstructiva crónica cobra especial importancia a medida que aumenta la edad. Sus episodios de empeoramiento pueden provocar dificultad respiratoria, pérdida de autonomía y, en los casos más graves, la necesidad de acudir a urgencias o permanecer ingresado.
El seguimiento médico, la utilización correcta de los tratamientos prescritos y la detección precoz de una exacerbación resultan fundamentales para tratar de evitar complicaciones.
Además de sus consecuencias sanitarias, un ingreso puede tener efectos directos sobre la vida cotidiana de una persona de 40, 50 o 60 años. Una baja laboral, los desplazamientos para recibir asistencia médica o la necesidad de contar con ayuda familiar introducen una dimensión económica especialmente relevante durante los años previos a la jubilación.
Las consecuencias de una enfermedad crónica mal controlada pueden alcanzar al empleo, los ingresos y la organización familiar mucho antes de la jubilación
La insuficiencia cardiaca lleva al hospital a uno de cada tres pacientes analizados
La insuficiencia cardiaca constituye otro de los principales problemas estudiados por Sanidad entre la población mayor de 40 años.
Entre las personas diagnosticadas con esta enfermedad, el 33,6% registró alguna hospitalización por cualquier causa, mientras que el 8,3% necesitó un ingreso relacionado directamente con una descompensación de su insuficiencia cardiaca.
La vigilancia de esta patología adquiere una importancia creciente con la edad. El seguimiento de los tratamientos, el control de la tensión arterial y del peso o la identificación de síntomas como la dificultad para respirar pueden contribuir a detectar un empeoramiento antes de que la situación requiera atención hospitalaria.
Sanidad analiza también la utilización de determinados tratamientos farmacológicos antes de producirse algunas hospitalizaciones. El objetivo es conocer mejor la relación entre el seguimiento realizado en Atención Primaria y la evolución posterior de los pacientes.
El seguimiento médico continuado puede marcar la diferencia entre mantener estable una enfermedad crónica y sufrir una descompensación que termine en el hospital
La diabetes, otro de los grandes riesgos a vigilar
La diabetes constituye otra de las enfermedades crónicas incluidas en el análisis. Entre las personas de 40 años o más diagnosticadas con esta patología, el 0,52% registró una hospitalización relacionada con complicaciones o descompensaciones de la enfermedad.
El porcentaje es inferior al observado en las patologías respiratorias o en la insuficiencia cardiaca, aunque la relevancia sanitaria de la diabetes aumenta por tratarse de una enfermedad cuya prevalencia crece conforme avanza la edad.
Un control insuficiente puede ocasionar a largo plazo problemas cardiovasculares, renales, circulatorios o de visión. Por ello, las revisiones periódicas, el seguimiento de los niveles de glucosa, la alimentación, la actividad física y el cumplimiento del tratamiento tienen especial importancia.
| Enfermedad | Población analizada | Dato destacado |
|---|---|---|
| EPOC o asma | Personas de 40 años o más con diagnóstico | 32,2% con al menos un ingreso respiratorio |
| Insuficiencia cardiaca | Personas de 40 años o más con diagnóstico | 33,6% hospitalizado por cualquier causa |
| Insuficiencia cardiaca | Personas de 40 años o más con diagnóstico | 8,3% ingresó por descompensación |
| Diabetes | Personas de 40 años o más con diagnóstico | 0,52% ingresó por complicaciones o descompensación |
El coste de enfermar antes de la jubilación
Evitar una hospitalización tiene una dimensión que va más allá del funcionamiento del sistema sanitario. Una buena parte de las personas comprendidas entre los 40 y los 65 años permanece en activo y todavía tiene por delante varios años de vida laboral.
Una enfermedad crónica mal controlada puede traducirse en bajas laborales, dificultades para mantener una actividad profesional y mayores necesidades de cuidados. También puede afectar a la economía familiar cuando obliga a reorganizar horarios, realizar desplazamientos frecuentes o asumir determinados gastos relacionados con la enfermedad.
El efecto puede resultar especialmente significativo entre trabajadores autónomos o personas que constituyen la principal fuente de ingresos de su hogar.
Prevenir un ingreso hospitalario también puede evitar bajas laborales, gastos adicionales y pérdida de autonomía durante una etapa todavía plenamente activa
Atención Primaria antes de llegar al hospital
El análisis de las hospitalizaciones potencialmente evitables refuerza el papel de la Atención Primaria en el seguimiento de las enfermedades crónicas.
Las consultas periódicas permiten comprobar la evolución de una patología, revisar tratamientos y detectar síntomas que pueden indicar una descompensación. Esta labor cobra mayor importancia conforme aumenta la edad y se acumulan diferentes factores de riesgo o varias enfermedades al mismo tiempo.
El seguimiento tampoco debería comenzar únicamente cuando aparecen complicaciones. Los controles de tensión arterial, glucosa, colesterol o función respiratoria pueden servir para identificar problemas en fases anteriores y facilitar una intervención más temprana.
El control de la salud a partir de los 40 puede condicionar la autonomía y la calidad de vida con la que se alcanzan los 60 y los 70 años
Cuidar la salud desde los 40 para proteger los años posteriores
Los datos ponen el foco en una etapa de la vida en la que la prevención puede resultar especialmente relevante desde el punto de vista sanitario, laboral y económico.
Una persona que alcanza los 40 o 50 años con una enfermedad crónica no tiene necesariamente que sufrir una pérdida inmediata de calidad de vida. La diferencia puede estar en cómo se controla esa patología durante los siguientes años.
Mantener correctamente tratadas enfermedades como la diabetes, la insuficiencia cardiaca o la EPOC puede ayudar a reducir complicaciones y conservar durante más tiempo la autonomía.
Para quienes todavía tienen por delante 10, 15 o 20 años de actividad profesional, la prevención no consiste únicamente en vivir más. También supone tratar de alcanzar la jubilación en mejores condiciones de salud, con mayor independencia y con una menor exposición a gastos inesperados derivados de una enfermedad.
