El envejecimiento de la población está obligando a revisar un modelo asistencial que durante años ha separado de forma demasiado rígida sanidad, dependencia y cuidados. En una entrevista publicada por InfoGeriatría, Oriol Fuertes, CEO y cofundador de Qida, plantea que la respuesta pasa por reforzar la atención domiciliaria y coordinar mejor los distintos recursos que intervienen en la vida de una persona mayor.

El hogar se consolida como una pieza central del sistema de cuidados de larga duración

Más prevención y menos atención reactiva

La lógica tradicional actúa muchas veces cuando el deterioro ya se ha producido. El nuevo enfoque busca detectar antes los cambios en la movilidad, la nutrición, la medicación o el estado emocional para evitar ingresos hospitalarios y pérdida de autonomía. Esto abre espacio para nuevos servicios de seguimiento y coordinación profesional.

Fuertes también señala el problema de la escasez de profesionales, uno de los principales cuellos de botella de la economía de los cuidados. La tecnología puede ayudar a organizar agendas, detectar riesgos y compartir información, pero no sustituye la relación personal con quien necesita apoyo.

Un mercado que crecerá con la longevidad

El aumento de la población mayor y el deseo mayoritario de permanecer en el propio domicilio durante más tiempo impulsarán la demanda de ayuda a domicilio, teleasistencia, rehabilitación, adaptación de vivienda y coordinación sociosanitaria. Para las empresas, el reto será convertir esos servicios en una oferta profesional, accesible y escalable.

La oportunidad no se limita a la asistencia. También afecta a seguros, tecnología, vivienda, farmacia y prevención. El denominador común es que el sistema se organice alrededor de la persona y no alrededor de compartimentos administrativos.

La tecnología aporta valor cuando ayuda a prevenir y coordinar, no cuando sustituye el contacto humano

El gran reto: integrar servicios

El futuro de los cuidados dependerá de la capacidad de compartir información entre profesionales y de construir itinerarios continuos. Una persona puede necesitar apoyo doméstico, rehabilitación, seguimiento médico y acompañamiento social al mismo tiempo. Cuanto más fragmentada esté esa atención, mayores serán los costes y peor la experiencia.